El vino rosado, fuera complejos


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El vino rosado ha gozado de una fama que para nada le ha hecho justicia, antiguamente se elaboraban lo que se conoce como claretes, donde se mezclaban las uvas blancas con las tintas, y el resultado era un vino con poco color y un sabor nada destacable. Poco a poco se está librando de estos prejuicios y su consumo y demanda está experimentando un gran crecimiento en todo el mundo.

El vino rosado no se hace mezclando uvas blancas y tintas, no es un producto de baja calidad, ni tampoco es un tinto que lo han dejado rosado porque no ha llegado a ser tinto. De hecho la elaboración de un vino rosado es algo más complejo que la de un vino tinto, porque hay que tener mucho esmero en el proceso.

La uva tinta con la que se elabora se despalilla y se macera en frío durante unas horas, en este pequeño proceso el mosto coge el color y aromas de los hollejos. A continuación se separa (sangrado) el mosto de las partes sólidas y se fermenta a temperatura controlada, unos 17º para obtener sus aromas varietales.

No querer saber nada del vino rosado es un error que no deberíamos cometer, no es para mezclar con refresco, restándole así todas las cualidades a un vino cuya elaboración es meticulosa. El vino rosado merece estar en nuestra pequeña bodega particular, ya que como dato curioso, a la hora de maridar, lo hace perfectamente con casi cualquier plato.

Bodega Comarcal Valle de Güímar

 

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